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UN PAPA POPULAR ANTE UN GOBIERNO POPULISTA ... VIVA EL PAPA !!!!
(demasiado antiguo para responder)
JG GJ
2013-04-03 14:17:17 UTC
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Papa Francisco
Miércoles 03 de abril de 2013 

Un papa popular ante un gobierno populista
Por Joaquín Morales Solá  
LA NACION
~~~
Esto no durará", escuchó Cristina Kirchner que le decía un
colaborador suyo, mientras ambos observaban en Roma las multitudes que
se movilizaban alrededor del papa Francisco. Ella no respondió. Ambos
daban por entendido que el funcionario se refería al fenómeno
popular en que se convirtió el nuevo pontífice. El lugarteniente
presidencial percibió la incomodidad de la Presidenta ante un futuro
irreversible: deberá convivir en adelante con un hombre más popular
que ella dentro de su propio país. Deberá coexistir también con un
argentino con prestigio en el mismo mundo que no siente simpatía por
la presidenta argentina.
Sin embargo, la razón última de la incomodidad indisimulable del
cristinismo es más profunda: intuye que el liderazgo social ha
cambiado de mano. Según todas las mediciones de opinión pública,
ese liderazgo en la Argentina lo tiene ahora más el papa Francisco que
cualquier otro dirigente. La Presidenta puede decir con razón que ella
conserva el liderazgo político e institucional del país, pero el
liderazgo moral de una amplia mayoría de la sociedad (no sólo de la
gente que profesa la religión católica) está en poder del papa
Bergoglio.
Dos gestos del Papa permiten inferir que los argentinos no se equivocan
y que él no se olvidará de su país. El primero de ellos lo hizo el
mismo día en que asumió como nuevo jefe de la Iglesia ante
delegaciones de todo el mundo. Antes de ser investido con los símbolos
de su poder, y antes incluso de hablarle a la Plaza San Pedro, les
habló a los argentinos congregados en la Plaza de Mayo. Eran las ocho
de la mañana en Roma y Bergoglio estaba ante el momento más
importante de su vida. "No se olviden de su obispo", pidió por
teléfono a los porteños que no habían dormido en la Plaza de Mayo.
El otro gesto fue la designación inmediata del arzobispo Mario Poli
como sucesor suyo en Buenos Aires. Poli, que será el arzobispo primado
del país, será también su mejor representante ante los argentinos
con poder o sin él. "El que no ha visto esos gestos es ciego o no sabe
ver la política", ha dicho un histórico dirigente peronista.
Es cierto que cuando habla el Papa le está hablando al mundo. Pero es
igualmente verdadero que la Argentina está dentro del mundo y que el
Papa es argentino. Para decirlo de otro modo, aquí acumuló su
experiencia vivencial hasta los 76 años, su conocimiento y aprendizaje
del poder terrenal y su comprensión de los conflictos sociales. No se
puede, entonces, dejar de leer las palabras del nuevo papa sin
asociarlas con las futuras líneas fundamentales de la Iglesia
argentina. Palabras que tienen, además, otra resonancia si se las
escucha bajo la novedad de aquella mutación en el liderazgo social.
Una de las viejas obsesiones de Francisco, que viene de cuando era
arzobispo de Buenos Aires, es la corrupción de los que tienen poder.
Sea cual fuere ese poder, incluido el poder de las jerarquías
religiosas. "Perdón a los pecadores, pero no a los corruptos", tronó
desde la Plaza San Pedro en su primer Angelus. Bergoglio ha distinguido
siempre entre el pecado y el delito. Una cosa es el pecado moral y otra
cosa es el delito ante las leyes de Dios y de los hombres.
Perdonó como obispo, incluso, un entrevero sentimental de un sacerdote
enamorado. El cura y la mujer eran personas adultas. "Es un pecado, no
un delito", lo escuché decir por esos días. La corrupción, en
cambio, es un delito, pero es también un crimen que afecta la vida de
los más desposeídos. ¿Cómo haría Cristina Kirchner, por
ejemplo, para "adueñarse" de Francisco si siguiera al lado de Amado
Boudou? ¿Cómo, cuando uno de los jueces que juzgan a Boudou es nada
menos que Norberto Oyarbide, protegido por el oficialismo y aficionado a
una ostentación de riqueza inexplicable para ningún juez?
¿Cuánto insomnio habrá en las noches romanas de muchos cardenales
que escucharon que la corrupción no merece el perdón del Papa?
Sería imposible unir en una eventual coincidencia al austero Bergoglio
con el ostentoso cristinismo. La contradicción fue fácilmente
perceptible en la Plaza San Pedro: un papa con los símbolos estrictos
de su pontificado y una presidenta argentina ricamente vestida. Han
tenido dos vidas muy distintas. El Papa es, como buen jesuita, frugal e
indócil ante el poder. Esa irreverencia les valió a los jesuitas en
su larga historias varios y legendarios enfrentamientos con reyes,
emperadores y hasta con papas. Tal formación la demostró aquí
Bergoglio cuando durante diez años rechazó inclinarse ante el poder
kirchnerista. Era la condición que le pedían.
Cristina es, en cambio, una mujer de gustos caros. Se hospedó en el
hotel más lujoso de Roma y se atavió con telas y joyas de valor,
aunque el avión oficial que la trasladó debió esperarla en
Marruecos para no ser embargado por las deudas impagas de su país.
¿Pueden existir dos mundos más distintos que los que caben en esa
escueta descripción?
Bergoglio no está inventando nada nuevo en su repertorio cuando les
pide a los curas que se vayan a la periferia social. Es lo que les
ordenó a los sacerdotes a su cargo en Buenos Aires y logró disminuir
hasta la inexistencia la influencia, otrora creciente, de las sectas y
de los supuestos pastores mediáticos. La "Iglesia pobre para los
pobres" es su idea de una nueva evangelización. Es, según la
definición del filósofo Santiago Kovadloff, la diferencia entre la
"religión popular" de Bergoglio y la "religión populista". Esta
última es la que profesan algunos gobernantes latinoamericanos que han
hecho de su "modelo" una religión. Cristina está más cerca de la
"religión populista" que de la "religión popular".
Hubo también una imperceptible disidencia sobre el rol de los medios
de comunicación. Ya sabemos lo que piensa el cristinismo: los medios
son siempre los culpables de los problemas que el Gobierno no resuelve.
Al contrario, el papa Francisco reconoció el valor del periodismo en
el mundo moderno en su primera homilía ante la Plaza San Pedro: "Esta
plaza tiene la dimensión del mundo gracias a los medios de
comunicación", dijo. Más tarde, en un discurso ante 6000
periodistas, les pidió a éstos que "contaran la verdad".
Fue un mensaje con dos destinatarios. Los propios periodistas, en primer
lugar, a los que les recordó el deber de contar lo que es cierto, aun
cuando esa verdad vaya contra sus propios puntos de vista. Los segundos
destinatarios fueron los gobernantes, que deberían tolerar la verdad
que cuenta el periodismo. Y no hay, cerca al menos, nada más
intolerante frente a la verdad del periodismo que el cristinismo
gobernante.
Al cristinismo, para peor, le sale todo al revés. Sólo la
exclusión de Macri de la comitiva oficial le permitió al líder
porteño convertirse en el primer civil que saludó al Papa recién
investido. Francisco se ocupó personalmente de que el jefe del
gobierno capitalino no fuera relegado, como pretendía Cristina
Kirchner. El "despecho continuo", como el arzobispo Poli calificó las
calumniosas versiones sobre el Papa durante la dictadura, sólo
sirvió para que los argentinos descubrieran al Bergoglio verdadero y
escondido. Al sacerdote que ayudó a perseguidos a huir del país
durante el régimen militar, al obispo con presencia personal en las
villas más pobres y al cardenal tan sobrio y austero como el actual
pontífice.
La buena novedad es que el mejor Francisco todavía no se conoce. El
Papa no permitiría que su popularidad fuera utilizada para tapar los
problemas de la Iglesia, que empujaron la renuncia de Benedicto XVI.
Esos problemas inmensos que se explicarían sólo por un Dios dormido,
según la metáfora del anterior papa. Francisco sabe que existe
corrupción en la curia vaticana, que el Banco Vaticano no debe seguir
existiendo entre una impenetrable nube de suspicacias mundiales y que
los pecados morales que también constituyen delitos deben terminar
para siempre dentro de la Iglesia. Le guste o no al cristinismo, el
fenómeno popular de Francisco sólo ha comenzado..
~
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2013-04-03 14:28:47 UTC
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Tras las huellas del Cóndor

El grupo de trabajo podrá investigar episodios aún polémicos de la
historia brasileña, como las muertes de los ex presidentes Joao
Goulart y Juscelino Kubitschek, en 1976, en circunstancias no
esclarecidas del todo.

Un grupo de trabajo creado ayer por la Comisión Nacional de la Verdad
de Brasil investigará las actividades de la Operación Cóndor, la
coordinación del aparato represivo de las dictaduras del Cono Sur.
Esclarecer los hechos, las circunstancias y los autores de los casos
graves de violaciones, torturas, desapariciones y ocultación de
cadáveres aparecen entre los objetivos de ese grupo, según fue
especificado en un decreto publicado ayer en el Diario Oficial. La
Comisión de la Verdad, formada por siete miembros escogidos
personalmente por la presidenta Dilma Rousseff, creó un subgrupo que
comenzará sus trabajos esta misma semana, indicó la publicación. Ese
subgrupo deberá establecer contactos con organizaciones de derechos
humanos de Argentina, Paraguay, Uruguay, Chile y Bolivia y recabar
información sobre las investigaciones oficiales realizadas en esos
países, a fin de obtener e intercambiar datos sobre las persecuciones
de militantes de grupos de izquierda en la región.

De este modo, la Comisión de la Verdad podrá investigar episodios aún
polémicos de la historia brasileña, como las muertes de los ex
presidentes Joao Goulart y Juscelino Kubitschek, en 1976, en
circunstancias no esclarecidas del todo. La Agencia Brasil precisó que
Goulart fue depuesto por el golpe militar de 1964 (su derrocamiento
dio lugar a un período de 21 años de gobiernos militares). Conocido
como Jango y considerado un líder progresista simpatizante de las
izquierdas de los años ’60 en plena Guerra Fría, murió en diciembre de
1976, en un hotel de la localidad argentina de Mercedes, donde se
encontraba exiliado.

Aunque se dijo que su fallecimiento se debió a un paro cardíaco, sus
familiares sospechan que sufrió un atentado. Esa hipótesis, la del
asesinato, fue ratificada hace cuatro años por un ex miembro del
servicio secreto uruguayo, preso en Brasil por tráfico de armas, quien
aseguró que Goulart fue envenenado por agentes de varios países que
actuaban en el marco de la Operación Cóndor.

En cuanto a Kubitschek, que gobernó Brasil entre 1956 y 1961 y fue el
creador de Brasilia como capital, la Comisión Nacional de la Verdad
recibió un informe de la Orden de los Abogados de Brasil, Sección
Minas Gerais, en la cual refutan la versión oficial de la muerte del
ex presidente en un accidente de tránsito.

La resolución de creación de la Comisión de la Verdad establece que el
grupo será presidido por la abogada Rosa María Cardoso de Cunha,
miembro de la Comisión de la Verdad, instalada por la presidenta Dilma
Rousseff en mayo pasado para investigar las violaciones de los
derechos humanos en Brasil entre 1946 y 1988, con énfasis en la época
de la dictadura militar (1964-1985). Integran el grupo la académica
Heloisa Maria Murgel Starling; el periodista Luiz Claudio Cunha y la
asesora de la Comisión Nacional de la Verdad, Paula Rodrigues
Ballesteros.

La presidenta y los miembros de la comisión ejercen sus actividades
sin remuneración alguna y no tienen plazo para concluir su labor, que
tiene por fin descubrir la verdad de lo sucedido, pero sin carácter
punitivo para los eventuales autores de esos hechos. En declaraciones
a la Agencia Brasil el 17 de septiembre, Claudio Cunha señaló que el
origen de esa estrategia político-militar de las dictaduras
latinoamericanas estaría en una reunión, entonces secreta, efectuada
en Buenos Aires, en 1974.

La Operación Cóndor es el nombre con el que se conoce al plan de
coordinación de operaciones entre las cúpulas de los regímenes
dictatoriales de Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia
y, esporádicamente, Perú, Colombia, Venezuela y Ecuador con la Agencia
Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, ejecutada entre las
décadas de 1970 y 1980.

Según los archivos desclasificados de la CIA, el jefe de la policía
secreta chilena, Manuel Contreras, fue invitado en 1975 al cuartel
general de la compañía en Langley, Virginia, y después de esa visita,
Contreras figura como creador de la Operación Cóndor. Sin embargo, el
periodista e investigador norteamericano Cristopher Hitchens considera
al entonces secretario de Estado Henry Kissinger, el ideólogo de esa
acción represiva. Estimaciones extraoficiales refieren que más de 100
mil personas fueron asesinadas y otras 400 mil torturadas en acciones
de la Operación Cóndor
Hegel Y
2013-04-03 14:41:23 UTC
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HUBO DICTADURA, HAY DEMOCRACIA
Hubo dictadura, hay democracia
Por Roberto Follari *
Ofende a la inteligencia, pero más aún a la sensibilidad que haya
irresponsables que pretendan que hoy vivimos una dictadura. No
estamos
en cualquier país: en éste, hace apenas treinta años y con secuelas
que están hoy en pleno proceso público de enjuiciamiento, se
secuestró, torturó por años, encapuchó, asesinó a miles y miles de
compatriotas. En cambio ahora, con total libertad y sin problema
alguno para decir lo que quieran y donde quieran, una mezcla de
ignorancia y mala fe se resume en la torpe consigna de “estamos en
dictadura”. “Perdónalos, señor, porque no saben lo que hacen”, dice
el
Evangelio. Y, efectivamente, en este país que entre 1976 y 1983 fue
de
desaparecidos, presos, exiliados de a miles, exiliados internos,
echados del trabajo, perseguidos varios, temor a toda hora de ser
encontrados y asesinados, hay quienes insólitamente, con una
inocencia
digna de mejor causa, insultan a los que entonces sufrieron, con el
descaro de llamar “dictadura” a unademocracia de plenas libertades.
Había campos de concentración clandestinos. Había asesinatos
múltiples, disimulados en partes militares que hablaban de supuestos
intentos de fuga, y espetaban: “Murieron quince subversivos, las
fuerzas del orden no tuvieron ninguna baja”. Había rastrillos por
manzanas enteras de las ciudades, donde se allanaba violentamente
todas las casas una por una, aunque fueran las tres de la mañana. Se
bajaba a las personas de los ómnibus y se las revisaba, se veían sus
documentos y se cotejaba con listas de perseguidos; se detenía a
algunos y nadie se atrevía a preguntar, aunque todos sabían que no se
volvería a verlos. Había listas negras en las universidades y
fábricas, de donde se echó a miles de profesores, estudiantes y
trabajadores, y donde se revisaba también al entrar, a ver si quien
lo
hacía estaba en alguna lista. Había ruidos nocturnos, frenadas, tiros
al aire y a las personas, angustia y desesperación de miles de
argentinos que no sabían cuándo podía tocarles la represión en cuerpo
propio.
Y ahora se ha avanzado en hacer justicia, a través de los procesos
penales en curso. Un caso muy destacable es el sucedido en los
últimos
días. En el avance sobre las complicidades civiles (que comenzó con
varios jueces ligados a la justicia federal de Mendoza), por primera
vez está procesado un gran empresario, por la sospecha de su
participación en el asesinato múltiple de trabajadores durante
aquella
época. El señor Blaquier, uno de los dueños del Ingenio Ledesma, es
quien deberá responder ahora en la Justicia por muchos trabajadores
que fueron secuestrados en una sola noche en predios del ingenio. Una
noche horrible y siniestra de la que ahora tendrá que dar cuenta uno
de aquellos que es sospechado no sólo de haber acompañado a la
dictadura, sino de haber participado activamente de sus métodos.
Es un extraordinario avance; las Fuerzas Armadas se han quejado de
que
hubo civiles que los llevaron al ejercicio de la barbarie represiva,
y
que a la hora de delimitar responsabilidades las han dejado solas.
Quienes reprimieron no pueden pretender que la instigación por parte
de otros atenúe la asunción de sus propias acciones, pero sí
corresponde que si hay actores civiles con responsabilidad efectiva
(y
es evidente que los ha habido), éstos deben dar cuenta de sus actos.
Mientras de a poco la memoria va abriendo espacio a la verdad sobre
un
pasado lúgubre (y esto es un logro democrático indisputable del
actual
gobierno), está claro para la gran mayoría de los argentinos el
significado de la palabra “dictadura”. Horror, oprobio, asesinatos,
secuestros, muertes, sufrimiento, cárceles “legales” y clandestinas
(a
muchos presos legales también se los torturaba), violaciones masivas
y
reiteradas, torturas y vejámenes interminables y constantes por años,
control total y absoluto de la palabra pública y a menudo la privada
(por predominio del miedo), más de cien periodistas desaparecidos y/o
asesinados.
¿De qué hablan los que hablan de que hoy estamos en dictadura? ¿Es
que
puede malversarse a esos extremos la expresión pública, es que puede
hablarse así, como si aquellos lamentables episodios de la historia
nacional jamás hubieran existido? Lo cierto es que, al margen de
quienes pretenden tapar el sol con un dedo e ignorar esos hitos
terribles e insalvables de nuestra historia, la necesaria memoria de
aquel pasado va haciendo lugar a la justicia. Como en ningún otro
lugar del mundo, porque, al revés de lo que se dice desde el
desconocimiento, en este tema estamos muy en ventaja como país en
tanto nos hemos mostrado capaces de hacer justicia, mientras en casi
todas partes donde ha habido parecidos ejercicios del terrorismo de
Estado, predominan con los años el disimulo y la impunidad.
* Doctor en Filosofía, profesor de la Universidad Nacional de Cuyo.
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