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LOS MONTONEROS Y UNA GUERRA QUE AÚN NO TERMINA !!!!
(demasiado antiguo para responder)
Petry
2012-12-10 17:02:36 UTC
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Domingo 09 de diciembre de 2012  
Cristina y una guerra que aún no ha terminado
Por Joaquín Morales Solá 
LA NACION
*****
Un gobierno desesperado. Una Justicia restablecida. Un gabinete sin
norte ni brújula. Una Corte Suprema de Justicia sometida a una feroz
presión. Funcionarios que corren por caminos equivocados. Una
Presidenta que espolea a sus colaboradores. Ella necesita un atajo hacia
una apariencia, al menos, de un improbable triunfo. Un gobierno entero
dedicado en cuerpo y alma a un combate judicial. Es el campo de batalla
que dejó otra guerra perdida. La del 7-D. Guerra inútil que aún se
libra, más allá de la derrota, mientras la sociedad padece
importantes problemas olvidados por sus gobernantes. El cristinismo es
como los jóvenes franceses del 68: pide lo imposible. ¿A quién se
le ocurrió antes recusar masivamente a todo un fuero judicial, como
hizo el Gobierno el último y agónico jueves? A nadie. Las
recusaciones se hacen a jueces individuales y por razones comprobables.
El Gobierno no comprendió la reacción multitudinaria de jueces en
defensa de su independencia y contra las presiones kirchneristas. Si la
hubiera interpretado, sabría el efecto contraproducente de ese
método. Ningún juez quedará solo ahora, después de que la
acción común les devolvió su autoestima. Autoestima que había
sido vapuleada en los últimos tiempos hasta por las multitudinarias
cacerolas.
El viernes, el Gobierno presentó un extraño pedido en la Corte
Suprema: un per saltum para que el máximo tribunal suspendiera y
anulara la decisión de la Cámara Civil y Comercial que prorrogó
hasta la sentencia definitiva la cautelar que protege las propiedades de
Clarín. Podía, y puede, apelar la decisión de esa Cámara ante la
Corte. El per saltum es otra cosa. Pero la apelación debe ser
presentada ante la misma Cámara que tomó la decisión, la que puede
acceder o no al requerimiento del Gobierno. Le dirá que sí. Nunca
ningún juez rechazó un pedido de apelación de ningún gobierno.
Sucede que el Gobierno se encaprichó. No quiere reconocer a esos
jueces, María Najurieta y Francisco de las Carreras, como naturales de
la causa. Lo explicó Martín Sabbatella cuando pidió también a la
Corte que ejerciera sus funciones disciplinarias sobre los jueces y
anulara todos los rechazos de las recusaciones. El Gobierno quiere sacar
a esos jueces. Los quiere recusados a todos. Que la Corte se haga cargo
de ellos. Sí o sí, no importa cómo.
La ley de per saltum establece, además, que la sola admisión de ese
recurso por parte de la Corte suspenderá las medidas cautelares. La
apelación, en cambio, no suspendería nada. Cristina ordenó borrar
de la historia el traspié del jueves. Todo el proceso merece un
análisis más amplio que el que comprende a Clarín. El per saltum
significa en los hechos un notable retroceso para las garantías
constitucionales de los argentinos. Cualquier ciudadano quedó sometido
ahora a la posibilidad de ser juzgado por la cabeza política de un
poder del Estado, como lo es la Corte Suprema. Sus jueces naturales y la
doble instancia podrían desaparecer por decisión de una mayoría
simple de jueces de la Corte. El recurso fue repudiable cuando lo
aplicó el menemismo. ¿Por qué sería bueno en poder del
kirchnerismo?
La actual Corte no aplicará nunca el per saltum arbitrariamente. Pero
las leyes perduran más tiempo que los integrantes de un tribunal y que
la permanencia de un gobierno. ésa será otra regresión
democrática que dejará el kirchnerismo.
La administración de Cristina tiene abierto el camino de la
apelación a la Corte. ¿Por qué ésta le aceptaría entonces un
per saltum sobre una simple medida cautelar? ¿Cómo lo haría,
cuando fue ese tribunal el que ordenó a los jueces, en una
resolución fulminante y decisiva, que tomaran rápidas decisiones?
¿Qué gravedad institucional existe por una cautelar que protege
propiedades de una empresa mientras se resuelve la cuestión de fondo?
¿Podría la Corte, en definitiva, aceptar un per saltum sólo para
anular decisiones no apeladas?
Si la Corte aceptara semejante zafarrancho jurídico, se instauraría
un per saltum especial sólo para casos de caprichos presidenciales, no
de gravedad institucional.
Sabbatella es un político que demostró el tamaño de su talento:
puede administrar razonablemente un municipio bonaerense. Carece de
experiencia y de formación para cosas más importantes. El viernes
decidió (él, no la Afsca) que ningún medio de comunicación
audiovisual estará obligado a desinvertir hasta que no lo haga
Clarín. La Cámara, en su resolución del jueves, dijo exactamente
lo contrario: su decisión sólo es aplicable a Clarín. Lo había
precisado antes la Corte Suprema. La Justicia trata sólo temas
particulares y el Grupo Clarín fue el único que pidió la
declaración de inconstitucionalidad de dos artículos de la ley de
medios, entre ellos, el que apura la desinversión. ¿Qué harán
ahora los medios que presentaron planes de desinversión?
¿Retirarán las propuestas y volverán a ser como eran? Sería
risible si no fuera la aceptación lisa y llana de que esa ley tenía,
y tiene, nombre y apellido.
Sabbatella apuró las manos de los jueces. Su condición de hombre
parlanchín le jugó una mala pasada. Anticipó públicamente que a
partir de mañana le sacaría licencias al Grupo Clarín y, sobre
todo, los bienes físicos que harían redituables esas licencias.
Suficiente. La Cámara no podía aceptar que cualquier decisión
posterior se convirtiera en abstracta. El daño ya estaría hecho.
Así son los mariscales que condujeron la guerra perdida. El equipo
jurídico del Gobierno tiene astucia para el arte de la chicana, que
suele tropezar a la vuelta de cada esquina. Sus voceros públicos son
peores que sus abogados. El senador Marcelo Fuentes anticipó que el
Gobierno les hará juicio político a todos los jueces que impugnen
decisiones de éste. Ya lo está haciendo. La mayoría oficialista en
el Consejo de la Magistratura está citando a jueces denunciados, sin
reparar siquiera si las denuncias son ciertas. Todos esos magistrados
están relacionados con el frustrado 7-D. Son bravuconadas que no
conducirán a nada. El juicio y relevo de los jueces necesita de los
dos tercios de los miembros del Consejo, mayoría que el oficialismo no
tiene. Esa llave la tiene la oposición, que frenó ahí los avances
del kirchnerismo. Es la habitual costumbre: el poder actual sólo
inyecta dosis desmesuradas de miedo. El efecto pasará. Los jueces
seguirán siendo jueces. Otro vocero atropellado de Cristina, Abal
Medina, vociferó que la Cámara chocó con la Corte y la
desconoció, porque ella fijó el plazo del 7 de diciembre. Ni
siquiera leyó a la Corte ni a la Cámara. El máximo tribunal
señaló ese plazo, pero también lo condicionó a que no hubiera
decisiones que dilataran la normal marcha del proceso judicial. El
Gobierno hizo lo bueno y lo malo para dilatar las sentencias de los
jueces. Es lo que dijo, de manera menos directa, la resolución de la
Cámara.
Otro inefable exponente del cristinismo, Carlos Kunkel, denuncó un
intento de golpe de Estado de la Corte Suprema. Aprovechó un desliz
verbal del juez Carlos Fayt, que señaló al presidente de la Corte,
Ricardo Lorenzetti, como un hombre presidenciable. Fayt acostumbra a
elogiar las cualidades personales y políticas de Lorenzetti, pero
siempre habla de su futuro, no de su presente. Los jueces de la Corte no
son todos iguales ni piensan de la misma manera. Tienen, sí, una sola
cosa en común: no son golpistas ni desestabilizadores ni insensibles a
las necesidades del Gobierno.
Pero, ¿qué necesidad grave e institucional se esconde detrás de
los plazos de desinversión de una ley de medios audiovisuales?
Ninguna. Sin embargo, el Gobierno declaró la guerra a la Corte cuando
ésta decidió ordenar a los jueces que cumplan con sus funciones y
dicten sentencias. Guerra silenciosa y secreta, pero guerra al fin y que
se despliega en estas horas mediante un devastador huracán de
presiones.
La Presidenta debería relevar a sus abogados y a sus voceros después
de tantas equivocaciones. El conflicto que tiene, no obstante, es
insoluble. Los abogados escribieron lo que ella les dictó. Los voceros
dijeron lo que ella les ordenó. El jueves, Cristina fatigó el
teléfono de Sabbatella, que tenía el ánimo peor que su presidenta.
Ella no esperaba otra decisión de los jueces Najurieta y De las
Carreras (por eso recusó a este último hasta el cansancio), pero se
ilusionó con que el miedo los paralizaría. Unos días al menos. Los
suficientes como para atravesar el 7-D con el discurso de algún
éxito. Esos jueces tuvieron más coraje que muchos ministros juntos.
Saben lo esencial: al miedo se lo vence enfrentando al miedo. La
próxima escala es la Corte Suprema. Discursos incendiarios y actos con
movilizaciones financiadas por gobernadores e intendentes, como el que
se hará hoy. Todo estará dirigido a esos jueces supremos, que se han
convertido en la última frontera de la defensa de los derechos y
garantías de los argentinos. Cristina no se resigna a una derrota. Su
guerra, inservible y superflua, no ha concluido.. últimas notas de
Opinión
Hegel
2012-12-10 17:16:56 UTC
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PETRY, ADRY, NANCY, ROBERTm, JGGJ, MsXx, MonyZULMAK, Mac Brown,
FFerdy= Misma Persona+Mensages Repetidos= Spammer=Estupidez

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