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GRACIS SS FRANCISCO, LAS IGLESIAS AYER ESTABAN HASTA EL TOPE !!!
(demasiado antiguo para responder)
A Adry
2013-04-01 17:07:35 UTC
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Raw Message
Bergoglio al asumir como Papa
'Foto' anpliar
Contenido relacionado
Por qué eligieron a Bergoglio para que sea el Papa Francisco.
====
Porque es el Elegido de Cristo para que sea su Vicario. Nadie mejor que
él podria representar. su misericordia y su humildad, en SS Francisco
es infinita, y asi lo entendió el mundo Católico de 1.300 millones
de la Greis que ayer llenaron las igleias del mundo. Nuna vi a los
norteamericanos tan religiosos...Eran gente jóven y familias
enteras... Fué algo maravilloso ..
Cuando estaba alli me puse a pensar en la maldad peligrosa para la
sociedad que desplegara el terrorista Verbitky en Argentina, la maldad
de éste individuo no tiene límites .. llegar a decir que cuando era
sacerdote Ftancisco no habia hecho lo suficiente para pedir la libertad
de dos curas que los militares tenian presos, lo desmintió el curas
que está vivo y era uno de los dos y dijo que los habia pedido en dos
o tres oportunidades .. pero ya se sabe que un sacerdote es muy poco y
nada lo que puede hacer. Por otra parte si se involucra mucho la Iglesia
les dicen que ellos no son politicos y no deben meterse.. y hasta pueden
intentar contra sus vida como ya lo han hecho varias veces ,,Esos
terroristas son ateos al ser marxistas y asi como estan buscando que las
FF.AA. desaparezcan. (que es a lo único que ellos temen) asi tambin
querrian que la religión argentina que es netamente Católica y
Evengélica, desaparezca..
Esa lacras quieren en mundo para ellos y asi imitar a los de Medio Este
con su terrorismo y fanatismo como ya lo han intentado ...NO PASARAN !!
es la consigna de los que saben ...

Dios † proteja Argentina de éstos mafiosos asesinos .

Adry
============================
(de archivo)

Francisco rezó en la Basílica de Santa María, en Roma El papa
Francisco, el argentino Jorge Mario Bergoglio, agradeció durante una
cena a los cardenales que lo eligieron sumo pontífice y, en tono de
broma, dijo: "Dios los perdone por lo que han hecho". Tras ser designado
como Papa, Bergoglio encabezó ayer una cena que se caracterizó por
"un ambiente muy efusivo y alegre", informaron esta mañana los voceros
oficiales del Vaticano durante una conferencia de prensa.
"El Papa dio las gracias, dirigió unas breves palabras a los
cardenales, les dio las gracias y les dijo: 'Que Dios los perdone por lo
que han hecho'", indicaron los voceros.
Bergoglio, de 76 años, fue elegido ayer como el Papa número 266 de
la Iglesia Católica y además se convirtió en el primer pontfice
latinoamericano.
El nuevo Papa fue elegido en la quinta votación del cónclave para
decidir el sucesor de Benedicto XVI que se desarrolló en la Capilla
Sixtina del Vaticano, donde asistieron 115 cardenales procedentes de
más de 50 países.
=
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MonToneros, FUERA !!!
Hegel
2013-04-01 20:16:38 UTC
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Raw Message
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-215492-2013-03-10.html

Mujeres de fuego

Esta semana comenzaron a declarar los testigos en el quinto juicio
oral por delitos de lesa humanidad de Córdoba. Es el primero que
involucra el robo de bebés. Las historias de Marité Sánchez, que parió
estando secuestrada, y Sonia Torres, presidenta de Abuelas Córdoba.



Por Marta Platía
En el juicio más grande del que se tenga memoria en esta provincia,
llamado también “Menéndez III”, y el primero que se realiza aquí por
robo de bebés, en sólo 15 audiencias parece haber pasado de todo: un
represor se suicidó de un balazo a pocas horas del inicio del proceso –
Aldo Carlos Checchi– nada menos que adentro de un hospital militar. El
abogado defensor de cuatro imputados, Jorge Agüero –un personaje que
se hace llamar El Mesías–, acusó de “coimero” al presidente del
Tribunal, desplegó un cartel ofensivo, fue arrestado en plena sala y
terminó procesado por “injurias agravadas”. Un gobernador, José Manuel
de la Sota, que al menos hasta ahora brilló por su ausencia, aunque no
dudó en mencionar a “los jóvenes que se enamoraron de las armas” justo
el mismo día del arranque del juicio, abonando así la teoría de los
dos demonios, discurso que le costó el repudio de las organizaciones
de derechos humanos. A todo esto, los represores con el multicondenado
Luciano Benjamín Menéndez a la cabeza, seguido por Guillermo “Nabo”
Barreiro y Pedro Vergez, alias Vargas, parecen turnarse para provocar
a los familiares de las víctimas, y como toda defensa, optaron por
descalificar a los testigos y sobrevivientes de sus crímenes,
llamándolos “colaboracionistas” o, directamente, “buchones”.

De ellos, el más locuaz e inmanejable es Vergez. Incluso para
Menéndez, quien hasta los juicios anteriores parecía llevar las
riendas de su tropa, pero que en éste ha perdido ostensiblemente su
autoridad. El miércoles pasado, el represor que se hacía llamar Vargas
y se la pasa negando haber escrito el libro que se le atribuye, se
puso a cantar de alegría “viva la muerte de Chávez”. Ante la queja del
abogado querellante Miguel Ceballos, quien lo escuchó “claramente”, el
juez le ordenó silencio y les adelantó “a él y a todos los imputados”
que a la próxima indisciplina los sancionará y echará de la sala. Una
reprimenda por la cual, al día siguiente, Menéndez dijo estar
“profundamente mortificado”, ya que aunque no se sentía aludido,
“jamás en su vida alguien lo había tratado así”. Pero, como ya ocurrió
en el juicio al dictador Jorge Rafael Videla en 2010, la mayoría de
los represores prefirió refugiar sus bravuconadas y supuesta valentía
en una sala contigua con circuito cerrado de televisión no bien les
tocó declarar a las primeras testigos mujeres: la abogada querellante
Marité Sánchez, quien fue secuestrada el 24 de febrero de 1976,
embarazada de siete meses y medio; y la Abuela de Plaza de Mayo Sonia
Torres.

Sánchez recordó: “Ese día golpearon a la puerta de mi casa. Me fijé
por el agujerito y vi una persona joven, de vaqueros, y pensé que
vendía algo. Cuando abrí, empezaron a caer personas desde los techos.
Dijeron que eran de la Policía Federal. Buscaban a mi esposo. Me
metieron de los pelos en un auto bordó”. La llevaron a la sede del D2:
el equivalente cordobés de la Gestapo, que funcionaba en el Cabildo, a
sólo diez pasos de la Catedral en la que por entonces oficiaba sus
misas el cardenal Raúl Francisco Primatesta. “Ahí me vendaron y
alguien me tocó la panza. ‘Pensá bien lo que vas a decir por lo que
tenés ahí adentro’”, la amenazaron. Con un arma apuntándole al bebé
por nacer, la llevaron a un pozo. “Ahí vi a mi marido, Víctor Eduardo
Ferraro. Durante la tortura le habían marcado una esvástica en el
pecho.” A Marité le pegaron delante de él: “Me agarraron de los pelos
y me dieron la cabeza contra la pared. El gritaba que yo no tenía nada
que ver, que me dejaran en paz”. Más tarde, y después de estar
desmayada y tendida sobre “una colchoneta sucia y húmeda”, Sánchez fue
trasladada a la cárcel del barrio San Martín, la UP1. Tuvo a su hija
esposada a una cama de un hospital. Su esposo también pasó por la UP1,
pero él aún permanece desaparecido.

Con los apabullantes 83 años de quien nunca será una anciana, Sonia
Torres avanzó con paso seguro hasta la silla en la que soñaba sentarse
desde hace 37 años. La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo filial
Córdoba estuvo acompañada por la presencia –y adhesiones por las redes
sociales– de cientos de personas. “Antes que nada –arrancó– yo me
identifico como la mamá de Silvina Parodi, la segunda madre de mi
yerno, Daniel Orozco, y la abuela de mi nieto que todavía busco”, le
dijo de un tirón al juez Jaime Díaz Gavier. Y siguió: “Porque cuando
se los llevaron, no sólo a mi nieto le robaron la identidad. A mí
también. Yo nunca más volví a ser quien era: un ama de casa, una
farmacéutica. Fui primero la madre que buscaba, después la abuela que
busca. Yo también perdí mi identidad”, repitió, mirando al juez con
los ojos grandes, muy abiertos, de quien necesita que no se pierda
palabra de lo que se está arrancando del alma.

Su hija Silvina Parodi tenía sólo 20 años y estaba embarazada de seis
meses y medio cuando fue secuestrada junto a su esposo, Daniel Orozco,
de 22, en la casa en la que vivían, en el barrio Alta Córdoba de esta
capital. Ambos eran estudiantes de Ciencias Económicas y militaban en
el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

“Fue el 26 de marzo cerca de las seis de la tarde –rememoró Sonia–.
Los vecinos contaron que los sacaron envueltos en frazadas de pies a
cabeza. Eran unos nueve hombres vestidos de civil fuertemente armados.
Les dieron una paliza y a eso lo sé porque los vecinos sintieron los
aullidos de dolor y los pedidos de auxilio. A la gente que salió a
ver, les dijeron a punta de arma que entraran a sus casas, que si no
los iban a matar.”

A partir de allí empezó el peregrinaje de Sonia Torres y su ex marido,
Enrique Parodi, quien por haber sido aviador, conocía a Juan Bautista
Sasiaíñ, el entonces jefe de la Policía Federal en Córdoba. “Con el
más puro cinismo, Sasiaíñ le dijo que esos secuestros se hacían entre
los guerrilleros y con eso cerró la entrevista.” Desesperados,
recorrieron todas las cárceles, los hospitales, hasta que supieron que
estaba en la UP1. “Allí logramos que un médico amigo, un doctor de
apellido Elías, la revisara para ver cómo seguía su embarazo. Pero eso
fue fatal para él. Al día siguiente, un comando entró en el hospital
de urgencias donde estaba operando a un paciente y se lo llevaron
esposado. Su cadáver fue arrojado camino a Chacras de la Merced” en
las afueras de la ciudad.

Entre los escombros de lo que era la modesta casa de Silvina y Daniel
(“porque al día siguiente del secuestro llegó un camión militar y se
robaron todo, todo. Dejaron sólo un mueble de cocina porque estaba
empotrado en el piso”, detalló Torres), Enrique Parodi encontró una
blusa de su hija –que Sonia desplegó y mostró amorosamente en la
audiencia– y un certificado médico que les sirvió de prueba para la
búsqueda del bebé. “Silvina había consultado al doctor Ruli esa
mañana. La fecha del nacimiento del bebé estaba fijada entre el 25 de
junio y el 5 de julio de 1976. Supimos por varios testimonios que
nació. Que es un varón. Una monja de la Casa Cuna, Asunción Medrano,
le dijo a mi hija Giselle, que era voluntaria ahí y llevaba chicos a
casa los fines de semana para cuidarlos, que no lo hiciera más. Que yo
debía tener mucho trabajo con el bebé de Silvina.” Esperanzadas, la
madre, la hija y la religiosa fueron a la cárcel de mujeres del Buen
Pastor, donde sabían que Silvina estaba presa luego del parto. La
monja encargada no pudo ocultar su enojo con Medrano. Y les dijo que
no. Que Silvina ya había sido “trasladada al sur”. Que no había ningún
bebé. Sonia le escribió entonces a Menéndez, a Primatesta y hasta a
Alicia Hartling de Videla, la esposa del dictador: “Pero a ninguno se
le ablandó el corazón”.

La voz de la abuela se quebró cuando recordó a sus compañeras de
camino que “ya se fueron: Otilia Argañaraz e Irma Ramaciotti”. Con
ellas y otras que no pudieron llegar con vida a este juicio, golpearon
las puertas de la jerarquía católica que permaneció muda y hasta
cómplice: “Desde el Papa (Juan Pablo II), que no nos respondió ni hizo
nada; para abajo. Ya sabíamos que había connivencia con los
militares... Yo era católica. Creía. Pero ya no”, dijo con dureza.

Sonia apuntó también que “las Abuelas somos políticas, pero
apartidarias. Sin embargo, tengo que decir que Néstor Kirchner nos
llamó a sólo un mes de asumir. ¡Con todos los problemas que tenía...!
Nos llamó. Fue la primera vez que eso nos pasaba. Nos dijo que los
derechos humanos serían una política de Estado. Y cumplió. Como ahora
lo hace la presidenta Cristina. Y a eso hay que reconocerlo”.

Antes de abandonar la sala, Sonia Torres pareció olvidar a todos los
presentes y le habló al nieto que busca: “Nieto querido, no tengas
miedo. Animate a buscarme vos ahora. Quiero contarte todo esto desde
el corazón porque no quiero que sientas odio. Porque no se puede
crecer con odio. Antes de partir te quiero encontrar. Recrear en tu
carita las caras de tus padres. Esas caras que quedaron suspendidas en
el tiempo, en unas pancartas... Cuando conozcas tu identidad, recién
ahí conocerás la libertad. Recién dejarás de ser un esclavo de los
militares. Y vos sabrás qué hacer con tu futuro”.

Batalladora como su padre, el dirigente gremial de Luz y Fuerza Tomás
Carmen Di Toffino –principal compañero de Agustín Tosco durante el
Cordobazo, que terminó derribando el gobierno de facto de Juan Carlos
Onganía–, su hija Silvia, fundadora de Hijos en Córdoba, trazó un
vibrante perfil de su padre, secuestrado a los 37 años a plena luz del
día cuando salía de su trabajo, en la Empresa Provincial de Energía de
Córdoba (EPEC). Silvia denunció, con un flamante documento en la mano,
hallado en el Archivo Provincial de la Memoria, “la complicidad civil
con la dictadura”.

A Tomás Di Toffino se lo llevaron el 30 de noviembre de 1976. “Desde
entonces, con mi mamá y mis tres hermanos ya no tuvimos una vida
normal. En realidad ya no lo teníamos, porque él desde hacía tiempo
que vivía clandestino para protegernos, aunque no faltaba a trabajar.”
Desde el público, su hermano menor, Agustín Di Toffino, actual jefe de
Gabinete de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, siguió
cada palabra con la mirada vidriosa.

Silvia contó entonces que supo, a través de los testimonios de algunos
de los sobrevivientes de La Perla, que su padre “al ser mayor que la
media de los que allí torturaban y mataban, casi todos veinteañeros,
se portaba como un padre y ayudaba como podía. Con una sonrisa, con
una canción –cuando se relajaba la custodia–. Y hasta jugando al
ajedrez con piezas que había modelado con migas de pan”. Aun cuando él
también padecía las torturas y la inminencia de la propia muerte “en
el pozo”, como le llamaban al sitio donde los represores llevaban a
los prisioneros para fusilarlos y enterrarlos; Di Toffino no perdió
nunca la entereza. “Si hasta se bailó un tango con otra detenida,
Susana Sastre (una sobreviviente), antes de que llegara su hora, en lo
que se llamó los carnavales del ‘77.”

Quizá lo más impactante del relato de Silvia fue la revelación de una
carta escrita por Menéndez el 16 de octubre de 1980 a un “coronel
Oscar Joan”, ministro del gobierno de facto de Adolfo Sigwald,
defendiendo a capa y espada al abogado y empresario José Luis Palazzo,
de no ser “un izquierdista ni un comunista, sino un luchador frontal y
abierto (...) que logró desplazar nada menos que a los seguidores de
Tosco que infestaron la Empresa de Energía de Córdoba (EPEC)”. Palazzo
era, cuando secuestraron a Di Toffino, nada menos que el gerente de
personal de la EPEC. Con este escrito, Menéndez quería “limpiar el
legajo” de quien señaló como su “ahijado”, de “tan injusta calumnia”.

A partir de la declaración de Silvia, el fiscal Facundo Trotta
solicitó que esa documentación se remitiera al fiscal de turno para
que investigue. De esta manera, los hijos de Di Toffino le rindieron
honor a su padre, quien se fue de La Perla “con una sonrisa y haciendo
la V de la victoria en medio de la cuadra”. Un último gesto para
darles fuerza a sus compañeros de tormentos

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